Bovino Criollo

Caracterización productiva del bovino Criollo Argentino: período 2006-2016

Fernando Daniel Holgado. María Florencia Ortega

Introducción

Evidencias paleontológicas, antropológicas e históricas indican que el ganado bovino fue introducido por primera vez en el continente americano por los conquistadores españoles. Cristóbal Colón incorporó los primeros bovinos en el Nuevo Mundo cuando en su segundo viaje (1493) desembarcó en la isla La Española (en la actualidad Haití y República Dominicana) (Giovambattista et al., 2010). 

La distribución de estos se extendió hasta el virreinato del Río de la Plata en Argentina, de la mano del conquistador Juan Núñez del Prado en 1549 (Sal Paz, 1986). En el transcurso de unos pocos años, y debido a su muy buena adaptación a las nuevas condiciones ambientales, la población aumentó con rapidez y ocupó gran parte del territorio nacional. Félix de Azara (Carrazón, 1998) estima que hacia el año 1780 existía un total de 42 millones de cabezas.

El criollo fue el único recurso genético bovino presente durante más de 300 años; hasta que, en el siglo XIX con el fin de mejorar los stocks ganaderos, se introducen reproductores de razas británicas en un principio, y cebuinas luego. Como consecuencia, se desata en el país un proceso de mestización que reduce drásticamente el número de bovinos criollos, ya que en muchos casos fueron reemplazados mediante cruzamientos absorbentes. 

Asimismo, esta situación desplazó al criollo a zonas marginales del noroeste argentino (NOA), en donde el calor, las enfermedades y el monte obstaculizaron el avance de razas especializadas (Sal Paz, 1986). La unidad de INTA Leales, actualmente Instituto de Investigación Animal del Chaco Semiárido (IIACS), trabaja con ganado bovino Criollo argentino (BCA) desde el año 1959. El rodeo inicial tiene sus orígenes en el ganado criollo existente por entonces en la región del NOA. 

Para su formación, fue adquirido en el Chaco Salteño un plantel integrado por treinta y cinco hembras y dos toros, que fue enriquecido con posteriores introducciones (Sal Paz, 1986). Del total de animales incorporados, dos hembras fundadoras registraban condición de mochas. Esta característica se mantuvo en el plantel de INTA Leales a través de las hembras de reposición hasta 1988, año en el que se decide utilizar por primera vez un reproductor macho sin cuernos. A partir de ese momento, y por ser un carácter dominante (Holgado y Rabasa, 2001), el número de animales mochos aumentó rápidamente en el rodeo. En una primera etapa de evaluación (1959-1970) el rodeo de animales criollo cumplió el rol de testigo contra el cual contrastar los diferentes planteos de cruzamientos de razas europeas con ganado cebú (Nelore) (Viñas, 1976). 

 Años posteriores (1971-1988), y fuertemente asociado a los resultados obtenidos en la primera etapa, se plantearon objetivos orientados a intensificar la caracterización de esta raza. En este sentido, se avanzó en profundizar los conocimientos existentes sobre este ganado poco valorado por su apariencia, pero destacado por su rusticidad y comportamiento (Rabasa, 1983). A partir del año 1988, y tomando como base la información obtenida de investigaciones cuyos resultados avalaron el valor genético del BCA (Sal Paz, Holgado y Rabasa,1995; Holgado y Cruz, 1993; Holgado y Rabasa, 1985; Guglielmone et al., 1990; Guitou, 1983 y Rabasa, 1980) se sumaron a los trabajos de caracterización actividades tendientes al desarrollo de un núcleo selecto (NS) de bovino criollo; con un fuerte énfasis en la difusión e inserción de esta raza en la ganadería nacional

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